Un entorno único para el maridaje


Una masía catalana en el corazón del Penedès, propiedad de la familia Torres, Mas Rabell conserva el encanto rústico y la belleza de lo tradicional. Otorga un entorno vinícola único a cualquier actividad tradicional, creativa y deliciosamente mediterránea.

La leyenda de Mas Rabell


La granja fortificada de Mas Rabell se levanta a los pies del castillo real de Sant Martí Sarroca, rodeada por un impresionante paisaje de montaña y viña. Este mas formaba parte de la Marca Hispánica, frontera político-militar del Imperio Carolingio en la vertiente meridional de los Pirineos. Tras la conquista musulmana de la península Ibérica, este territorio fue dominado mediante guarniciones militares establecidas en lugares como Barcelona, Gerona o Lérida. Sin embargo, a fines del siglo VIII, los Carolingios intervinieron en el noroeste peninsular con el apoyo de la población autóctona de las montañas. La dominación franca se hizo efectiva tras la conquista de Gerona (785) y Barcelona (801). El territorio ganado a los musulmanes se configuró como la Marca Hispánica, integrada por condados dependientes de los monarcas Carolingios. De todos ellos el que alcanzó mayor protagonismo fue el condado de Barcelona. Durante la dominación islámica, Mas Rabell fue un convento de derviches –secta esotérica del Islam – y esto le legó una misteriosa leyenda.

Aquí se reúne la Cofradía de Sant Miquel de las Viñas para celebrar sus capítulos, cumpliendo solemnes ritos que se remontan a la Edad Media. Una vieja tradición asegura que unos discípulos de Arnau de Vilanova, destilaron ya aquí en el siglo XIV los primeros aguardientes de vino. Así se creó en esta masía un misterioso laboratorio de alquimia y una botica de hierbas medicinales que fue utilizada por Pedro III, conde de Barcelona. Los sencillos campesinos de los alrededores miraron siempre con supersticioso respeto a esta granja y la centenaria encina que se levanta como un centinela en medio del viñedo. Y hasta época muy reciente se decía que esta casa fue morada de una bruja.

La familia Torres restauró la casa, en 1973, conservando sus románticas estancias y ampliándola con una moderna cocina y un luminoso comedor, decorado en el más puro estilo mediterráneo por Waltraud Maczassek, pintora y esposa de Miguel A. Torres. Algunos de sus cuadros decoran las paredes de esta casa. Grandes cristaleras filtran la clara luz, acercándonos al alegre paisaje de viña que nos rodea por todas partes.

Alrededor de Mas Rabell se extienden los viñedos y las rosas, así como una interesante colección de variedades de uva de todo el mundo. Cada año se elaboran vinos con estas variedades, recuperando cepas olvidadas y experimentando otras menos conocidas, lo que constituye uno de los puntales del departamento de Investigación y Desarrollo de la bodega.

Muy cerca se encuentran las bodegas de crianza de los famosos brandies, con sus naves donde reposan las barricas y sus viejísimas soleras.